La determinante lucha que emprendería el pueblo mexicano por liberarse de las miserables condiciones de vida en las que la dictadura de Porfirio Díaz y sus sucesores, no tuvo como único protagonista al movimiento campesino alzado en armas, si no que engendró como aliado fundamental a la naciente clase obrera de México.
Después de 30 años de dictadura, el descontento social era generalizado. La clase obrera empezaría a dar sus primeras manifestaciones de descontento hacia las clases gobernantes a inicios de 1901, cuando en San Luis Potosí se reunió un Congreso Laboral organizado por el Club Liberal “Ponciano Arriaga”, donde destacarían como líderes los hermanos Flores Magón.
En 1906 estalló el primer conflicto obrero en la fábrica Cananea Copper Company, de Sonora, la cual fue aplacada con brutal represión. Esta huelga comenzó el 1 de junio, los trabajadores exigían: “la jornada de ocho horas, un mejor salario y contra de la discriminación racial a los mexicanos”. Los trabajadores se amotinaron por dos días y ofrecieron una resistencia feroz durante otros dos días, con armas de fuego.
Un año después, en 1907, se produjo la segunda huelga importante, ocurrió en la fábrica de Río Blanco en Orizaba en México central. En abril de ese año, unos cuantos trabajadores de Río Blanco formaron el Gran Circulo de Obreros Libres (GCOL), el que tomo la batuta del sindicalismo fabril de México.
Para el 7 de diciembre, convocaron a un gran mitin que reunió a cerca de 3.000 trabajadores, en la que se estableció una serie de demandas, que incluían una jornada laboral más corta y el pago de horas extras entre otras.
Las represalias de los propietarios no se harían esperar, los despidos a los trabajadores afectaron a 57.000 personas en Puebla, Orizaba, Ciudad de México, Veracruz, Querétaro y Guadalajara.
Los trabajadores le pidieron a Díaz mediación, él aceptó interceder pero respaldó a los propietarios de las fábricas como era de esperarse.
El acuerdo unilateral causó una reacción inmediata contra el gobierno, en Río Blanco, los manifestantes gritaban lemas como “ ¡Muerte a Díaz!” y “ ¡Abajo con la dictadura!” entonces, el 7 de enero, la dirigencia sindical reunió a todos los obreros que llegaban la fábrica, atacaron y quemaron el almacén de la compañía, se trasladaron a la ciudad, atacaron la cárcel y liberaron a todos los presos en todo momento se escuchaba:
“ ¡Muerte a Porfirio Díaz!”.
Para este momento, el Partido Liberal Mexicano, que aglutinaba a los pensadores revolucionarios, había podido organizar unos 44 grupos clandestinos de guerrillas por todo México, algunos con 300 hombres, aunque el promedio era de alrededor de 50.
El General Porfirio Díaz, obligado por la sublevación social, renunció a su cargo de Presidente de la República el día 25 de mayo de 1911, renunciando asimismo el Vicepresidente Ramón Corral. El General Díaz salió esa misma noche para Veracruz, de donde zarpó en un barco alemán y nunca regreso. Más tarde quien sería uno de los incesantes apoyos de la revolución, Francisco Madero asumiría el poder, pero la convulsión social, la ambición del poder, y la multipolaridad de pensamientos impidieron que la revolución se consolide en los beneficios populares. La traición y la conciliación determinaron mas años de combates y derramamientos de sangre inocente que finalmente confluiría con la salida electoral que jamás otorgo paz ni los verdaderos cambios por los que peleaba el pueblo.
La experiencia revolucionaria que concluiría con la firma del Plan de Ayala, uno de los documentos de mayor contenido humano y social, fue aprobado y firmado en una junta de jefes revolucionarios del campo y la ciudad, en la Villa de Ayala el 25 de noviembre de 1911.
En este documento se desconoció al Presidente Madero, acusándolo de debilidad e ineptitud para realizar los postulados de la Revolución. Afirmaba: “Somos partidarios de los principios y no de los hombres”. Su postulado fue: “La tierra es para quien las trabaje con sus manos”, y su lema “Tierra y Libertad”.
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