Sin duda alguna, una de las situaciones que más preocupa a nuestro pueblo hoy en día, es la inseguridad, y no es para menos, el crecimiento de la delincuencia con su estela de robos, asaltos, narcotráfico y sobre todo el sicariato, ha creado alarma social.
Es evidente que esto se da por el agravamiento de la crisis del capitalismo, que se expresa en el Ecuador con el aumento del costo de la vida (alimentos, medicinas), el desempleo, los sueldos miserables que ganan los trabajadores y la corrupción desde las altas esferas.
Sin embargo, Correa en lugar de gobernar a favor de los sectores populares aplicando mano dura contra los empresarios evasores, banqueros corruptos y los grandes comerciantes acaparadores y especuladores que incrementan los precios de los productos de primera necesidad; crea decretos y elabora leyes reaccionarias y anti populares dirigidas más bien a reprimir el descontento popular creando un clima de miedo y desconfianza.
Pretende el farsante, que ejerciendo un sistema de control social represivo utilizando a la policía para frenar la rebeldía estudiantil en la Costa, prohibiendo su movilización en horas de clases, apresar y amenazar con la expulsión, imponer el uso de la mochila transparente y promover charlas policiales intimidantes en los colegios, va a detener el crimen.
Tampoco detendrán la inseguridad los proyectos de reformas penales que el ministerio de “JUSTICIA” ha presentado a la Asamblea, que plantea aumentar y acumular penas a menores y adultos, desconociendo el principio de la inocencia, la inimputabilidad por la edad y el debido proceso en los juicios.
Los estudios del delito y la vida misma han demostrado que endurecer las penas, militarizar y policializar las calles (algunos policías por los bajos sueldos se convierten en participantes en delitos), utilizar furtivamente la tortura y los malos tratos, desarrollar nuevos discursos con argumentos legales retrógrados para criminalizar la lucha popular, ¡no cambia nada!; porque vivimos en este sistema de podredumbre que mantiene la desigualdad social con una derecha que gobierna para su círculo verde y rosa.
En este contexto, mientras jueces y fiscales como marionetas de la Revolución Ciudadana liberan a conocidos narcotraficantes, a corruptos del actual gobierno como el ex ministro de Deportes, silencian y reverdecen la impunidad de los asesinatos “extrajudiciales”, extorciones y torturas cometidas por los organismos especiales de la policía como en el caso FYBECA o en Dayuma; se suma el pedido de Correa de dejar en la impunidad los actos de corrupción del Dahik, Gallardo y Mahuad. Estos acontecimientos incrementan la desconfianza y el repudio del pueblo hacia la justicia verde de Correa.
Para los trabajadores, las amas de casa y la juventud, solo nos queda el camino de la unidad y la lucha para enfrentar la prepotencia, el autoritarismo y la impunidad de Correa. Nuestra tarea es redoblar los esfuerzos revolucionarios para avanzar en la organización de la lucha armada y derrocar a la oligarquía y al imperialismo, para garantizar la construcción de la patria socialista, soberana y de justicia social que los sectores populares soñamos.
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